Los dueños de la Vida

Haciendo un poquito de ejercicio memorioso, al que los argentinos nos resistimos, podremos recordar que la creciente de 1982 hizo caer la torre de alta tensión situada en el canal de derivación Norte a la altura del Club Náutico Azopardo.
La misma crecida erosionó la orilla del Coronda y socavó la base de otra torre situada a pocos metros de su embocadura. La torre quedó en el agua y, a su alrededor, había más de 40 metros de profundidad.
Manteniéndose erecta por causas difíciles de explicar, se sostuvo hasta que un buque de pequeño porte que venía a la deriva, colisionó con ella y la tumbó.
En ambos casos la solución fue trasladar la fijación de los cables a la torre siguiente, tierra adentro. Estas torres, además de propiciar el mayor alabeo del arco de los cables, por la mayor longitud entre torre y torre, tienen una altura muy inferior a las previstas para el cruce del río. Y tan es así que hubo que sacar árboles cercanos a la orilla de Alto Verde para que no tocaran la línea.
Y se incendiaron barcos deportivos, buques mercantes tuvieron situaciones muy riesgosas, se sucedieron peligros varios hasta que, como era lógico, elemental y previsible; se produjo una tragedia fatal.
La primera parte está cumplida; como en una partida de ajedrez programada y calculada, cambiamos una muerte por una torre.
En el Coronda, vaya a saber por obra de que santo milagroso, la vida está ganando la partida, pero está claro que la vitalidad humana y la mente cometen errores mientras la muerte tiene por aliada la eternidad, y su paciencia infinita, recostada sobre los cables del Coronda, le dan la seguridad de que más tarde o más temprano la torre que perdieron les dará una vida.
Recibimos con alegría, y así lo hicimos saber, la buena nueva de un amigo que nos contaba que estaban trabajando para colocar una nueva torre que reemplazara la caída y permitiera el paso de las embarcaciones sin correr peligros fatales
Más hete aquí que, otros amigos nos dicen que no, que Transener o la ENRES o quien sea – dueños o concesionarios del traslado de energía, pero, uno u otro, responsables al fin – están reforzando la base de la actual torre. Aparentemente están haciendo trabajos para que dure mucho la réplica probada y comprobada, símil canal de derivación, de esta trampa infalible que representa la inevitable futura muerte de un ser humano o, siendo generosos con ella, muchos seres humanos.
Creemos que en nuestro país el azar es cada vez más importante para salvarse. Los ciudadanos comunes estamos cada vez más convencidos de que lo único que nos puede salvar es un loto, un quini, una raspadita o algún otro método inventado por nuestros preocupados gobernantes para que todos, sin discriminación alguna, tengan acceso al ambicioso plan social del gobierno que, por obra del azar, soluciona los problemas económicos.
En el caso de los navegantes, la fortuna es doble; si tiene la suerte de morir en los cables del Coronda, sus deudos podrán, dinero mediante para un abogado eficaz, acceder a una pequeña fortuna, que el estado tendrá que pagar por jugar con una torre menos y perder la partida.
En nuestro país, el azar maneja nuestras posibilidades y el estado las administra.