Timón compensado

SABER Y ENTENDER
El querido don Marcos Rudi, nos está dando una gran mano para tratar de terminar un barquito que se alejó del agua y entró en el territorio ignoto de los trabajadores de ribera.
Al momento de ocuparnos del timón, decidimos modificar la pala para lograr un timón semi compensado que fuese más liviano y redujera el esfuerzo de los guardines, la rueda y todos los elementos que lo hacen gobernar.
Como la mayoría sabe, los timones pueden ser de patente u ordinarios, semi compensados o compensados. Los timones ordinarios tienen la totalidad de la pala a popa de la madre o eje del mismo y, cuando se compensan se reparte la superficie a proa y a popa de dicho eje. El objetivo es desplazar el centro de presión del agua hacia proa del eje de rotación. Si la superficie se reparte en partes iguales, a proa y a popa de eje, obtendremos un timón que no necesitará ningún esfuerzo para su gobierno. Generalmente se trata de que la superficie hacía proa no sea más de 1/3 del total para poder «sentir» el timón y, por ende, el barco.
En nuestras largas charlas con Don Marcos, él insistía en la gran capacidad de maniobra que había logrado en el barco de don Szeifert cuando le construyó un timón compensado.
Nosotros pensábamos que la capacidad de maniobra radica solo en la superficie y en la relación de aspecto de la pala, y que nada tiene que ver si es compensado o no. Una pala profunda y estrecha ejercerá mejor gobierno, al desviar los filetes de agua, que una ancha extendida horizontalmente. Exactamente lo mismo que una vela, porque el agua y el aire se comportan igual.
En cada ocasión que tocaba tratar el tema, Don Marcos rememoraba los resultados del timón compensado que lo llenaban de orgullo y alegría y rescataba algún otro recuerdo o anécdota. Casi siempre la duda o negativa del patrón a las innovaciones propuestas y la contrapropuesta suya de firmarle un papel dándole su astillero, si no funcionaba lo que él le hacía. Convincente.
Siguiendo firmes en nuestro convencimiento, nos imaginábamos la pala del timón, con el barco navegando, y deducíamos que un timón ordinario tenía que ser más efectivo que uno compensado porque, si bien exige más esfuerzo, al apartarlo de la línea de crujía, en un ángulo lógico, éste desvía suavemente los filetes de agua, paralelos a la carena, logrando una mayor efectividad al no producir turbulencias que atenten contra la velocidad.
Estudiábamos como soldar la chapa y los refuerzos de aluminio para extender hacia proa la superficie que habíamos calculado, y don Marcos nos contaba la sorpresa de don Szeifert, y todos, cuando él timoneó el barco y lo hacía dar giros en la caleta casi sobre su misma eslora.
Esta vez pasamos sobre nuestro gran respeto por don Marcos y le planteamos nuestra teoría y nuestro disenso sobre lo que él sostenía… el deslizamiento, los filetes de agua, la turbulencia…
¡Pero no, m´hijo… yo te digo virando a motor, dándole máquina…!
Y sí, es así…, deducción de velerista…, tal vez hayamos pensado en la hélice del fuera de borda, pero no pensamos en el choque del chorro de agua que produce una hélice a proa de la pala del timón, ni en el barco sin arrancada.
Sabemos que, cuando vira, el barco rabea, es decir la popa barre hacia una u otra banda y, en consecuencia, la proa cae hacia la banda contraria cambiando de dirección.
Imaginemos el barco detenido, damos máquina avante y, la hélice, impulsa un chorro de agua de 0,60 m de diámetro. Con un timón ordinario, solo un máximo del 50 % del chorro desviará su dirección, luego del choque contra la pala, desplazando la popa hacia una banda.
La misma situación, pero con un timón compensado, puede duplicar el efecto del tímón cuando se utiliza fuerza motriz.
Y si, Don Marcos… las cosas son así…¿Cómo le vamos a enseñar al padre a ser hijo?
Después que lo vimos, nos pareció muy tonto haberlo pasado por alto.
Recordamos nuestros padres, cosas que hemos leído, algunos tropezones, todo lo que hemos hecho y todo lo que hemos vivido.
Seguramente nuestra navegación puede ser mucho más simple y segura si sabemos ver las pequeñas cosas que van brillando en la estela de los viejos navegantes.