Cultura náutica

Náutica, del griego naus, implica todo el arte y la ciencia de navegar. Al respecto, tenemos que diferenciar Náutico de Naval, y don Roque Barcia, un estudioso de la lengua española del siglo pasado, dice: “Naval viene del latín navis… puede establecerse que cuando hay dos palabras sinónimas, una de las cuales viene del griego y la otra del latín, la palabra griega es más sabia, más trascendental, más psicológica que la latina. Esto sucede con náutico y naval. Náutico está en relación con el orden filosófico: habla de la nave, en cuanto la nave es capaz de principios y de ciencia… Naval está en relación con hechos materiales: habla de la nave, en cuanto la nave es capaz de ser aparejada. Así decimos armamento naval. No puede decirse armamento náutico…”
Cultura proviene del latín y significa cultivar. Se dice que la cultura es el resultado de cultivar los conocimientos humanos y de ejercitar las facultades intelectuales.
Por lo tanto quien cultiva el conocimiento se enriquece intelectual e integramente.
Con esto queremos decir que, si bien las artes forman parte del alimento espiritual del hombre, no es necesario ser un experto en plástica o música para ser culto, tampoco en literatura, aunque si es necesario leer porque es la forma más práctica, económica y cómoda de acceder a los conocimientos.
Para tripular o timonear un barco no se necesita ser culto y, probablemente, se pueda llegar a ser un buen marinero o patrón. Para ser nauta, en cambio, hace falta cultura en cuanto a que la náutica se define como “Arte y ciencia de navegar”.
Pongamos las cosas en claro; hay gente que trabaja la tierra, y lo hace muy bien. Hay otra que escribe o experimenta métodos para la agricultura.
Hay pescadores, canoeros, lancheros, navieros, verdaderos baqueanos en sus embarcaciones. Hay náuticos que escriben tratados de navegación profundizando en el por qué de cada maniobra o en el origen y la fundamentación de todos los elementos esenciales para la náutica.
Y viniendo para acá, en nuestros pagos, más cerca de lo cotidiano y de la realidad, en donde los apuros diarios casi no nos dejan disfrutar del río, la mayoría de los amantes del agua solamente necesitan el carné habilitante y manejarse con cierta habilidad a bordo de su embarcación. Y está bien, porque cuentan con lo imprescindible para sus necesidades.
Pero también están los que participan en el fomento o la divulgación de la Náutica como disciplina, deporte o ciencia y arte de navegar, y aquí no alcanza con la buena voluntad.
Quienes, de alguna forma, asumen compromisos que involucran a otras personas, cumpliendo funciones diversas que hacen a la práctica o a la divulgación de la náutica debieran, también, comprometerse con el conocimiento de la misma para ir fortaleciendo, cada día más, la Cultura Náutica.
Y decimos esto por que leemos y escuchamos en algunos medios locales a personas que divulgan acontecimientos relacionados con la náutica con un evidente desconocimiento de la esencia, el lenguaje y la realidad, comunicando verdades que no son tales, utilizando palabras impropias o haciendo comentarios improcedentes que no colaboran a la formación de futuros nautas, no brindan información idónea y, en algunos casos, ofenden a personas o a instituciones.
Si, usted me dirá que en nuestro país generoso cualquiera puede hacer cualquier cosa, es cierto. Pero, porque es cierto, tratemos de preservar nuestras pasiones afianzando su pureza y elevando el conocimiento de quienes se acercan a ella, respetando las formas correctas y las normas que conforman la tradición y la esencia de la cultura náutica.